martes, 17 de septiembre de 2013

Un hippie inicia una guerra.

             Huir. De eso se trata, correr, escapar del enemigo para no ser atrapado. Entre jadeos y sudor frio esconderse entre las plantas e intentar que los pulmones tengan un ritmo acompasado y tranquilo. Disminuir el pulso cardiaco para no ser encontrado, De eso se trata.

              La guerra los acecha a todos por igual, es algo de lo que nadie en todo el mundo se puede salvar y, a la vez, es algo en lo que todos, sin dejar excepciones, deberíamos formar parte. Con el tiempo los focos bélicos se irán expandiendo; Las luchas por atrapar al otro y las risas apagadas entre medio.

               ¿Cómo había empezado todo? Dos corrían, ella delante de él. La chica encuentra un escondite, el chico la descubre, la agarra por las muñecas con firmeza y la tira al suelo, se acerca rápidamente y le descarga sus municiones en la frente: Unos cálidos y húmedos besos.


               Ahora eran cuatro los que corrían, dos escondites se encontraban y los mismos se descubrían, se descargaban más besos y ahora eran ocho los que corrían, así fue como empezó esa verdadera guerra mundial de la que todos necesitamos formar parte, una guerra contra familia y amigos, contra animales y plantas, contra el mundo mismo, una guerra de besos y abrazos.    

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