martes, 17 de septiembre de 2013

La incomprensión de la retórica virtual.

        Los poetas de la actualidad juegan a este juego de enviarse fragmentos, citarse párrafos y recitarse canciones por el simple placer de hacer bien. Los poetas de la actualidad aún carecen de profesión en su lírica, pero establecen sus reglas y, a sus modos, crean una historia. Su poesía nace en lo cotidiano de sus palabras y aún no ha tomado forma en la expresión artística. Pero la evocación poética está en la forma en la que escriben, en el tipeo constante y rítmico de las teclas y en la música que, probablemente, estén escuchando desde un parlante que apenas suena en mitad de la madrugada. 

Al poeta lo inspira su propia incertidumbre, el arte de antaño y lo rápido que se mueven las cosas hoy en día. Una nueva frase, un click, y ya es transmitido el producto a un receptor que estaría esperando. A los pocos segundos las indicaciones del mensaje leído se transformarían en un aviso sobre la escritura de una respuesta y, por último, las nuevas palabras retroalimentando el circuito comunicativo dirían algo que estimularía un arte aún incomprendido por los mismos artesanos.
Y los artesanos serían miles, sin saberlo, con las manos divinas gastarán las teclas en palabras que se pierdan en lo coloquial de un saludo o lo aburrido de una consulta estudiantil. Pero de vez en cuando, entre el potencial artesano y su par, ingresará un elemento que ha sido motivo de creacionismo a lo largo de toda la historia. 

El elemento recorrerá los cuerpos de los  actantes y se filtrará por la punta de sus dedos  y a través del teclado. De allí viajará esparcido en la no materia hasta que un circuito le dé lugar a ese elemento expresado en palabras. Y luego el artesano tendrá que esperar a que su mensaje haya sido enviado, leído y quizá respondido.   Probablemente en poco tiempo, el otro habrá masticado la obra del artesano y contempla su devolución.  De esta misma devolución depende la fecundación de un elemento que luego sería el motor del mecanismo artístico.  Es quizá este el período más incierto del proceso, pero el más entretenido para los involucrados.

Nunca hubo regla exacta para la formulación de las palabras y sus devoluciones, pero probablemente, si detrás de alguna de estas idas y vueltas los dos actantes sonrieron con sinceridad, la chispa habrá sido encendida y el elemento bullirá, conductivo de la energía creadora de ambos artesanos por igual. Ellos se verán obligados a afinar su arte para estimular la dispersión de ese elemento placentero que causaba tanto temor perder.  

En el cortejo virtual, enjambre de enlaces a escritos on-line, videoclips musicales y eventos a los cuales poder asistir, se dirán y se harán muchas cosas que enciendan el vapor necesario para mover la maquina que, cual carrusel antiguo, llevaría a cabo el proceso. 
De allí desprenderá la autoría de cada hombre o mujer, el estilo de cada individuo y  las marcas de autor que cada trovador o poetiza. Y todo aquello decantará en el entramado de este arte inconsciente que con el pasar de los minutos irá aumentando su caudal de caracteres. 
Y allí, a los afortunados, se les relatarán sueños, se les contará historias, se le informará sobre asuntos interesantes y se debatirá la opinión sobre política, deporte o espectáculo. Con caricias cibernéticas y conversaciones cada vez más públicas, la afinidad crecerá y allí, en el historial olvidado en el pasado, quedará imborrable como quien pintó las cavernas de la prehistoria, el registro de ese acontecimiento que será poco enaltecido y poco recordado con magnanimidad en el correr de las horas. 

Serán algunos, los interesados en la expresión de esta materia prima inestable y de su posible transposición en el lenguaje de las bellas artes, los que utilicen sus manos para componer en las otras artes lo que ocurre en el medio inexplorado de la virtualidad cibernética. Serán estos los que darán el primer paso a la comprensión de la poética moderna de los artistas emergentes de la web. Quizá los escritores publiquen en blogs, los músicos suban su material a bandcamp y los fotógrafos a flickr y allí quedará, también inmortalizado, el registro de las primeras contemplaciones poéticas de actos que aún no han sido considerado poesía.

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