martes, 17 de septiembre de 2013

La primera vez en nacer.

En un principio no era más que movimiento. Sin cuerpo y sin materia mi existencia se basaba en moverme de un lado a otro, de un lugar a un no lugar, pasando por todo lo existente y por la nada al mismo tiempo. Las fronteras eran confusas y no conocía el tiempo. Poco a poco la consistencia fue mutando y en cada movimiento tracé un recorrido irrevocable, recorrido que nunca fue el mismo y que nunca sentí de la misma manera dos veces.

                El júbilo y el bienestar del ritmo constante me poseía en su recorrido, las luces parecían atravesarme y ser parte de mi energía, y esta energía una sustancia sutil en constante formación, nutriéndose de todo lo que existía entonces. Poco a poco los movimientos compusieron armónicamente, en su andar, figuras compuestas de sabiduría incuestionable. De repente, el trayecto cambió, la consistencia cambió.
Pero la energía se mantuvo, comencé a fluir en un conjunto, existiendo tanto en mis pares como en mi propio ser; esencias sin cuerpo pero en unidad. Agrupados por la acción cinética de existir recorrimos distancias sin medida hasta encontrarnos en un sitio, un lugar. Allí la unidad nos volvió uno.

¿Sabrán los griegos que Cronos, el devorador del tiempo, sería Saturno para los romanos? ¿Sabrán los romanos que Saturno sería el sexto planeta del sistema solar?, alrededor de este, giraba nuestra energía en constante movimiento, ahora con un rumbo preciso, ahora con una forma indicada. La roca circunvalaba el planeta sin comprender la ironía ilusoria del tiempo que devoraba nuestra materia, pero entendiendo que nuestra energía era la de una roca y a su vez, la de todo lo que nos rodeaba.

En el viaje la mutación continúo, nuestra energía transitó variadas instancias y, cuando fue el momento preciso, nos agrupamos de nuevo y la vida se encargó de crearlo. Él se vio a sí mismo, acobijado en un vientre, la materia era suya y se complementaba con su energía. El calor y la creación eran ya, un sentimiento tangible. La vida humana, una experiencia recién nacida y el movimiento constante, un recuerdo agradable. Allí dentro, su protectora le habla y él contesta, la energía se nutre de su amor y la materia (su cuerpo) crece y se desarrolla. Los pensamientos circundan en su cabeza y la curiosidad hace su entrada triunfal.


 Él pone atención a sus extremidades, siente la existencia de un par de piernas y se pregunta de qué le servirán allí afuera, cómo será todo cuando salga o cuál es su deber. La respuesta llega pronto y él se dice a sí mismo  “Tal vez solo deba hacer lo mismo que antes y solo se trate de movimiento. Debemos asumir que para ello son estas piernas; Para salir de aquí y movernos en conjunto.”  

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